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Por San Esteban, ¡canelones!

Por San Esteban, ¡canelones!

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“Los canelones deben ser rubios, y deben tener una perfecta presentación, no deben ser escaldufats.” Así los definía Josep Pla, un animado degustador de este plato. Seguramente muchas veces nos hemos preguntado porqué el 26 de diciembre es fiesta en Catalunya. Hoy vamos a tratar de responder esa pregunta y… a desmontar un mito.

Si vamos atrás en el tiempo veremos que antiguamente solía ser festivo el día siguiente a cualquier celebración que significase una gran fiesta y comilona familiar. Pues, cuando se hacían estas reuniones que agrupaban a toda la familia en casa de uno de los miembros (el que organizaba la comida), a menudo el resto del clan debía recorrer largas distancias y lo hacían gracias a los animales con los que trabajaban a diario en sus masías. Se dice que para no obligar a los animales a hacer el viaje de ida y vuelta en el mismo día se solía alargar la reunión familiar un día más para que así descansasen.

Tal vez así naciese la tradición del celebrar San Esteban, el día después de la gran comilona de Navidad. Como explicamos en el post dedicado a la Escudella, este plato incluye una gran variedad de carnes (ternera, cerdo, gallina, cordero) y solía ocurrir que el día 26 en todas las cocinas había muchas sobras del día anterior. Y si a eso añadimos la “resaca” después de la fiesta, es fácil adivinar que algo había que hacer con las sobras ya que algo habría que comer ese día. Así nacieron los canelones, según se cuenta.

Esta es la historia que suele escucharse estos días, pero la documentación histórica señala que el origen de los canelones no es precisamente catalán.

Así fue como Catalunya hizo suyos los canelones

Según el gran Néstor Luján su origen es italiano, y muchos gastrónomos señalan que comenzaron a servirse en mesas catalanas después de que Giovanni Ardizzi los hiciese populares en la desaparecida fonda Beco del Recó que abrió en 1815. Datos que no deben extrañar a nadie ya que en la Barcelona burguesa de la segunda mitad del siglo XVIII abundaban los cocineros italianos quienes no tardaron en hacer triunfar sus recetas a base de pasta.

De las clases burguesas la costumbre de hacer canelones pasó a las fondas y de ahí se extendió a todas las clases sociales, popularizándose la receta en todos los hogares. Tanto fue así, que hoy en día no se entiende la Navidad sin canelones, un plato imprescindible de la cocina tradicional catalana y que, como no podría ser de otro modo, forma parte de la carta navideña de nuestros restaurantes del Grupo Xàtiva.

 

 

 

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